La verdad es que a estas alturas de la película yo ya no estoy segura ni de una cosa ni de la otra. Me gustaría creer que sí, que existe un mínimo de predestinación, pero por otra parte viendo como se me van frustrando las ilusiones que yo misma he medio fomentado porque el universo me ha ido dejando miguitas de pan, no sé si es mejor pensar que ahí arriba la cobertura va fatal y no nos llega nada o pensar que las tres destinos se lo pasan pipa enredando con los mortales y luego sencillamente eliminando sus planes. ¿Por qué? Ah, a mí que me registren, yo eso no lo sé.
Hubo un momento en el que pensé que escribir lo que me gustaría que pasara en mi diario era sinónimo de fracaso, no, no me atrevía. Luego caí en la cuenta de que la libreta no tenía ningún tipo de maldición, simplemente las cosas no pasaban del modo que yo quería. Ni siquiera remotamente parecidas. Y cuando algo de improviso salía más o menos como yo quería, no reaccionaba en el momento por idiota.
¡Deja la vergüenza parte, tonta! ¡El no ya lo tienes!
Definitivamente la próxima vez que tenga a tiro al tío ideal, al menos físicamente para mí y no le pida el teléfono o algo así -si es que la oportunidad vuelve, porque la dejé escapar con una alegría francamente estúpida- me daré de cabezazos contra una pared. A ver si así espabilo.
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